Sergio vivía atrapado en un cuerpo que ya no sentía suyo. Con más de 60 kilos de sobrepeso, todo le costaba: moverse, subir escaleras, jugar con sus hijos. La ansiedad lo llevaba a la comida rápida y cada intento por cuidarse terminaba en el mismo ciclo de culpa, cansancio y más peso.
El día que se miró al espejo y dijo “no puedo seguir así”, todo empezó a cambiar. Con un plan realista y apoyo constante, dejó atrás los atracones, aprendió a comer sin culpa y recuperó una energía que creía perdida.
En un año perdió 60 kilos y volvió a moverse sin dolor, a disfrutar de sus hijos y a verse con orgullo. Pero lo más grande no fue el cambio físico, sino la vida que recuperó: más ligera, más tranquila y más feliz. Sergio no solo cambió su cuerpo. Transformó su vida.