Gustavo llevaba años sintiéndose estancado: cansancio, falta de constancia y la sensación de no saber por dónde empezar. Tras perder 10 kilos, vuelve a reconocerse. Se siente ligero, fuerte y con una energía que había olvidado. La ropa le vuelve a quedar bien y su entorno le dice que parece otra persona. Lo que realmente cambió no fue solo su cuerpo, sino la confianza de ver que sí podía avanzar con un camino realista. Hoy vuelve a sentirse orgulloso de sí mismo.