Cristhian llevaba años atrapado en el efecto rebote: subía, bajaba, volvía a subir. Comía con ansiedad, tenía atracones y sentía que no tenía control.
Cuando decidió comprometerse de verdad, todo cambió. En 3 meses perdió 12 kilos sin castigos ni restricciones, aprendió a comer sin culpa y construyó hábitos que puede mantener incluso en semanas difíciles.
Lo mejor no fueron los kilos, sino volver a mirarse al espejo con orgullo, recuperar calma, estabilidad y autoestima. Hoy dice que está en la mejor forma de su vida… y esta vez, sabe que no habrá vuelta atrás.