Antonio, 40 años, llevaba tiempo sintiéndose atrapado en un cuerpo y una vida que no le representaban: trabajo sedentario, cervezas para desconectar, comida rápida y cero energía. Había normalizado sentirse mal… hasta que entendió que no quería ser ese ejemplo para su hijo. Hoy ha perdido 16 kilos, la barriga ha bajado y vuelve a moverse con agilidad. Lo mejor no son los kilos, sino lo que ha recuperado: la mirada de orgullo de su hijo, la tranquilidad de su mujer y la sensación de tener de nuevo dignidad, salud y control. Antonio no solo cambió su físico; cambió la historia que quiere que su familia vea de él.