Erik, 28 años, sintió que había tocado fondo. Creció siendo “el gordito” de la familia y pasó su vida entre dietas, batidos, suplementos y horas de gimnasio sin resultados. Perdía un kilo, recuperaba cuatro. Su energía desaparecía y su autoestima caía en picado. Llegó incluso a plantearse una operación de estómago.
Cuando todo parecía cerrado, decidió darse una oportunidad real. Empezó un camino adaptado a él: fuerza progresiva, alimentación flexible y un acompañamiento que por fin le daba claridad.
En 6 meses perdió 19 kilos, eliminó la barriga y recuperó seguridad, energía y calma. La ropa le queda bien, se gusta y, por primera vez, tiene hábitos que puede mantener toda la vida.
Lo más importante no fue lo que perdió, sino lo que ganó: una mentalidad fuerte y la certeza de que nunca fue él el problema… sino el enfoque. Erik no solo cambió su cuerpo. Cambió su historia.