Andrés llegó a un punto en el que ya no podía seguir ignorándolo: la ropa no le entraba, la báscula subía y evitaba mirarse al espejo. Había probado de todo (gimnasio, entrenadores, dietas estrictas) pero siempre lo dejaba porque nada encajaba con su vida. No era falta de ganas, era falta de claridad.
Cuando decidió dar el paso y seguir un camino realista, todo empezó a cambiar. En 6 meses perdió 21 kilos, volvió a ponerse ropa que tenía guardada, entrena con energía y se cuida sin hambre ni obsesiones. “No pensaba que fuera tan fácil cambiar mi vida”, me dijo.
Lo mejor no fueron los kilos, sino cómo vive ahora: más fuerte, más positivo, con ganas de moverse y la tranquilidad de sentir que por fin tiene el control. Andrés no cambió por fuerza de voluntad, cambió porque encontró un camino que encajaba con él.