David había sido activo toda la vida, pero entre trabajo y responsabilidades empezó a dejarse para el final. La barriga creció, la energía bajó y dejó de reconocerse. Probó dietas, ayunos y horas de cardio, pero siempre volvía al mismo punto. No era falta de esfuerzo, era no tener un camino sostenible. Hoy ha perdido más de 20 kilos y, además del cambio físico, ha recuperado control, seguridad, energía y la tranquilidad de volver a sentirse él mismo. Ese David que se había apagado… volvió más fuerte que nunca.