Pablo, 33 años, vivía al límite entre trabajo, viajes y comidas improvisadas. La ansiedad por la comida lo acompañaba cada noche y sentía que se había dejado para el último lugar. Cuando se vio con 10 kilos de más, menos energía y la cabeza saturada, decidió parar y cuidarse de verdad. En pocos meses perdió esos 10 kilos, recuperó energía, claridad mental y aprendió a organizarse incluso con su ritmo de vida. Hoy se siente ligero, orgulloso y en control. Su cuerpo cambió, pero su manera de vivir también.