Héctor, 29 años, llevaba toda la vida peleado con la comida. Saltaba de dieta en dieta, con prohibiciones, hambre y ansiedad, siempre con el mismo final: bajaba unos kilos, los recuperaba rápido y su frustración crecía. Sentía que no sabía cómo cuidarse y cada rebote le hacía creer que el problema era él.
Hasta que cambió de enfoque. En pocos meses perdió 15 kilos disfrutando de la comida, aprendiendo a comer sin culpa y sin vivir a dieta. Empezó a entrenar fuerza, ganó confianza y su cuerpo respondió como nunca. Hoy se ve fuerte, definido y orgulloso de sí mismo. No solo transformó su físico: hizo las paces con la comida y recuperó tranquilidad y seguridad.